Por una recuperación de la historia africana [EPUB] Ampliar

Por una recuperación de la historia africana [EPUB]

De África a Haití a Gaza 


[Jacques Depelchin]

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5,00 €

«Contribuye a frenar el olvido que existe sobre las resistencias y las luchas de los africanos desde siglos.»
Le Monde Diplomatique

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Texto de la contraportada


La reivindicación de la historia de África no es fruto únicamente de una iniciativa ideológica: sin esta historia, sin sus protagonistas individuales y colectivos, la humanidad no está completa. 

Jacques Depelchin es un buscador nato de esta fidelidad al ser humano en todo su esplendor, un vínculo íntimo que nos hace tomar conciencia de los hilos que van tejiendo historias silenciadas, mancilladas o tergiversadas con el propósito de eternizar el olvido. Frente a la amnesia, el historiador congoleño repite, una y otra vez, que sin los fieles a la humanidad nada tiene sentido. Nada es. 

África se desborda y su historia cuenta con un elenco de resistencias que, en ocasiones, forjan crisoles ejemplares donde continuar con esa fidelidad. La emancipación del ser humano y su movimiento libre en torno al amor y la justicia dieron Haití. Dieron los quilombos brasileños. Dieron la fuerza de Kimpa Vita. Dan el sueño que gesta la lucha por una vida digna en los suburbios africanos, en los movimientos y foros sociales, en las tierras indígenas, en Gaza.
 

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Información sobre el autor



El congoleño Jacques Depelchin ha impartido clases de Historia Africana en universidades de Estados Unidos, la República Democrática del Congo, Mozambique, Tanzania y Brasil, donde actualmente trabaja. Es miembro fundador y director de la Alianza Internacional Ota Benga para la Paz en la República Democrática del Congo. Además de numerosos artículos y trabajos de investigación, ha publicado los libros From the Congo Free State to Zaire: 1885-1974, 1999. Towards a Demystification of Economic and Political History (Codesria, Senegal, 1992) y Silences in African History. Between the syndromes of discovery and abolition (Mkuki Na Nyota Publishers, Tanzania, 2000). 

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Índice

Introducción

1. Para salvar a la humanidad debemos tomarnos en serio la historia africana

2. En solidaridad con Cité Soleil/Site Soley en Haití

3. Posibilidades y rutas de una subversiva globalización Sur-Sur: África y Brasil

4. El recorte de las libertades: de Haití a Sudáfrica

5. Historia del miedo a la emancipación en la República Democrática del Congo. De Kimpa Vita a Lumumba a las mujeres de Panzi

6. Hambre de voz: la crisis alimentaria, el mercado y la desigualdad socioeconómica, 81

7. De África a Haití a Gaza: permanecer fieles a la humanidad

8. El hijo bastardo del genocidio que nació para vivir a su costa

Epílogo

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Introducción

Estos ensayos aparecieron, en una primera versión, como artículos en Pambazuka News. Aquí los presentamos por orden de publicación desde el año 2007, salvo el primero, que lo escribí a modo de introducción al presente libro. En ellos intento explicar cómo se podría escribir la historia de un modo que ayudase a liberar la historia africana, rehén (conscientemente o no) de los marcos intelectuales europeos y norteamericanos.

No obstante, los capítulos pueden leerse en cualquier orden. Todos surgen de una misma preocupación: demostrar que la historia africana es múltiple en el sentido que, en ella y a través de ella, es posible reconectar todas las historias de los que fueron desconectados.
Esta reconexión a la humanidad sólo será efectiva si, mediante las historias africanas, podemos entender las historias de los pobres, las de los "Haitís", los "Abahalis". En definitiva, las de quienes se han visto obligados a mirar atrás con un espejo roto, deliberadamente aplastado para que sea imposible divisar algo.

Las historias de África y los africanos deben entenderse en todas sus complejidades, de Haití a Gaza a las favelas y los barrios de chabolas.

En estos escritos también podemos encontrar, en un segundo plano, la certeza de que esta "reclamación" no es sólo por el bien de África, sino por el bien de todos aquellos que hacen lo posible para enterrar la historia africana.

Jacques Depelchin
Salvador de Bahía, Brasil, abril del 2010


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Reseñas


En España se publican muchos trabajos sobre África, pero principalmente por institutos y centros de investigación oficiales. La mayoría de ellos pecan de eurocentrismo, muchos sin quererlo. Son pocos los trabajos que se publican en España de pensadores africanos en torno a la realidad propia. La asociación oozebap es un referente del pensamiento y la cultura africana en nuestra lengua, y la colección de libros "Pescando husmeos" es todo un ejercicio de aproximar el África plural a los lectores.

Por una recuperación de la historia africana es el último libro que acaban de publicar. Se trata de una recopilación de artículos del profesor de Historia de África Jacques depelchin, que imparte clases en universidades de todos los continentes y que en la actualidad, junto con la actividad docente, dirige la Alianza Internacional Ota benga para la Paz en la República Democrática del Congo. Los textos de esta compilación contribuyen a frenar el olvido que existe sobre las resistencias y las luchas de los africanos desde siglos.

África se desborda y su historia cuenta con un elenco de resistencias que, en ocasiones, forjan crisoles ejemplares donde continuar con esa fidelidad. Pero Occidente las reprime por la fuerza y las sumerge en un eterno olvido, como hicieron con la lucha por la libertad en Haití contra la esclavitud y el colonialismo. Esas resistencias son las que también han hecho surgir los quilombos brasileños. Han generado la fuerza de Kimpa Vita. Fabrican los deseos por una vida digna, en paz, en los suburbios africanos, en los movimientos y foros sociales, en las tierras indígenas, en Gaza.

Héctor Estruch, Le Monde Diplomatique, n. 189, julio 2011

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Entrevista a Jacques Depelchin
a propósito de su libro "Por una recuperación de la historia africana. De África a Haití a Gaza"


Por Dídac P. Lagarriga. Revista Africaneando, n. 5, 1er trimestre 2011.

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"Una excelente entrevista a Jacques Depelchin publicada en Africaneando nos sirve de tema para el programa de esta tarde, tema candente al día de hoy, el proceso histórico que comprende dos aspectos importantísimos en el devenir histórico de África: esclavitud y colonialismo."

Programa No sólo música, Radio Contrabanda (Barcelona), 21 de junio de 2011
http://nosolojazz.contrabanda.org/2011/06/21/por-una-recuperacion-de-la-historia-africana-de-africa-a-haiti-a-gaza-jaques-depelchin/ 

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"Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de caza siempre glorificarán al cazador". Este proverbio, que bien podría resumir esta reseña, hace referencia al hecho de que la historia es escrita por los vencedores, de modo que su versión domine sobre el resto y, de este modo, mantenga su estatus de poder.

En la obra de la editorial oozebap, Por una recuperación de la historia africana. De África a Haití a Gaza, su autor, Jaques Depelchin, historiador congoleño residente en Brasil, denuncia la usurpación de la historia del continente africano por parte de las potencias mundiales quienes, hasta el presente, obtienen beneficios de su marginación. El objetivo de esta colección de ensayos es, en palabras del autor, 'explicar cómo se podría escribir la historia de un modo que ayudase a liberar la historia africana, rehén (conscientemente o no) de los marcos intelectuales europeos y norteamericanos (p. 9)'.

Al enlazar hechos históricos aparentemente desconectados entre sí, el libro da cuenta de la multiplicidad de historias que convergen en y a través del continente africano, de ahí el subtítulo 'De África a Haití a Gaza', un recorrido que, si bien no es lineal, ni único, señala una vía de visibilización de historias silenciadas por la Historia, cuyo común denominador es la exclusión y marginación de seres humanos por parte de 'los descubridores', comenzando por el despojo de los arahuacos, los caribes y los amerindios, para empezar por algún punto, hasta la usurpación de tierra de los palestinos en Gaza (p. 109-114).

El itinerario pasa por Haití, Brasil, Sudáfrica, la República Democrática del Congo, la esclavitud, la pobreza, los crímenes contra la humanidad, el humanitarismo, los genocidios, el apartheid y el hambre, para culminar con el sistema económico actual capitalista, actualizado y reproducido desde hace quinientos años, con base en el silencio - y el consecuente silenciamiento- sustentado en el miedo y la vergüenza. 'El miedo a que se revele un secreto vergonzoso genera una poderosa necesidad de ocultarlo' (p. 95).

La hipótesis que subyace a lo largo de toda la obra es que podríamos comprender mejor los crímenes actuales si logramos ver el vínculo de éstos con los crímenes del pasado que continúan sin reconocimiento, es decir, no son hechos aislados, forman parte de una lógica que, a fuerza de negarla, se ha vuelto invisible. De modo que hace falta mirar los hechos históricos desde otra perspectiva.

Un buen ejemplo de ello es el tráfico de esclavos. No hay una memoria africana propiamente dicha de la esclavitud (Mbembe, 2002: 259), a pesar de lo mucho que se investiga, escribe y rememora, el discurso oficial tiene como fin ocultar el hecho de que la esclavitud no ha terminado, solo ha cambiado de forma, se mantiene a través de otras formas de opresión que permanecen impunes. Más aún, los recursos obtenidos gracias a la trata esclavista, han servido para mantener el poder de ejercer nuevos crímenes contra la humanidad.

Para salir de esta espiral, el autor propone dos pasos, plantear preguntas que cuestionen los marcos dominantes, aquellos que inevitablemente conducen al capitalismo como la única orientación histórica posible. Al hacer este cuestionamiento, cabe señalar la afirmación del escritor senegalés Boubacar Boris Diop: 'Una sociedad cuyos dirigentes sólo mantienen con su pasado esta relación de negación, compulsiva y gesticulante, revela la enfermedad que la atormenta y merece, en realidad, más compasión que odio (2007: 157)'.

El segundo paso propuesto por Depelchin, es reconsiderar la historia africana, desenmarcarla de las narrativas históricas dominantes. En sus propias palabras:

Este libro asume que, salvo que la historia africana no se reconsidere (tomándola en serio) con el deber de sanar a la humanidad de todas las prácticas de los victoriosos, el género humano continuará el camino hacia la autoaniquilación (p. 17).

Este camino para romper con la historia que pretende 'avergonzar a cada africano de su memoria y de su identidad (Diop: 2007: 11)', presenta dos obstáculos principales. El primero, pronunciarse a favor de una verdad que es muy incómoda, silenciada incluso con la muerte, como fue el caso de personajes como Lumumba en la República Democrática del Congo, Sankara en Burkina Faso y, más recientemente, Aristide en Haití.

El segundo implica tomar conciencia de nuestra participación en el sistema dominante de la máquina capitalista, dado que: 'La capacidad destructiva de esta máquina -que deberíamos llamar un estado mental- no puede determinarse, pues reside en la conciencia humana (p. 11)'.

Referencias:

Depelchin, Jaques (2011) Por una recuperación de la historia africana. De África a Haití a Gaza. Barcelona: oozebap

Diop, Boubacar Boris (2007) África más allá del espejo. Barcelona: Oozebap

Mbembe, Achille (2002) "African modes of self-writing", en Public Culture 14(1) Duke University Press. Pp. 239-273

Fernando Zarco Masala, Barcelona, sep-oct. 2011

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De Fanon a Depelchin y vuelta a empezar
Meditaciones en torno al libro "Por una recuperación de la historia africana", de Jacques Depelchin

Por Oscar Escudero 

La República de Haití es el país que Jacques Depelchin (República del Congo, 1945) ha escogido para ilustrar una de las ideas que vertebran su libro "Por un recuperación de la historia africana" (oozebap, 2011). Primero bajo yugo español y luego francés, Haití fue poblada con esclavos, procedentes en su mayoría de la República del Congo. Más tarde, en 1804, se alzó como la primera colonia en obtener la independencia y, por tanto, en conocer a ciencia cierta el precio de una libertad envenenada, fuertemente condicionada y espuria, como si la colonización hubiese sido suplicada en el inicio, y su rechazo ulterior, considerado un desaire en toda regla por parte de la metrópolis. Cuenta Depelchin que con la independencia, Francia impuso el pago de una indemnización a los propietarios de los esclavos y a los terratenientes para compensar las pérdidas ocasionadas, que Haití tuvo que aprontar hasta 1946. Es decir, el colonialismo no sólo aniquilaba el pasado y asfixiaba el presente, sino que lastraba el futuro como si el destino no fuese cosa de dioses, sino de politicuchos con ánimo revanchista que apenas amagaban su pitorreo ante la abolición de la esclavitud. Si nada ni nadie juzgaban las resoluciones del colono, el libre albedrío se aliaba con la impunidad y ambos con la eternidad. 

Del mismo modo que en la actualidad los medios de comunicación apenas dan cobertura al país antillano, antaño tampoco los filósofos de la Ilustración cuestionaron el Code Noir (Código Negro), ni los mamotretos que contienen la "Historia Oficial" ofrecen hoy una versión de los hechos que recoja la colección de crímenes y atropellos imputables a Francia. "El modo cómo los vencedores han escrito la historia del mundo tenía un requisito previo: asegurar que los vencidos no tuvieran ninguna duda de su estatus de vencidos", escribe Depelchin. O sea que se silencian los héroes y las heroínas que combatieron al colono, y se difunde una lectura antagónica de su genuino papel: Lumumba fue marxista, Sankara reaccionario y Kimpa vita una traidora; todos ellos merecían la muerte por su malicia, y debían ser condenados al olvido. Por añadidura, por debajo de los próceres estigmatizados, se cosifica el sufrimiento de las personas comunes, se maquillan los abusos y las atrocidades, en tanto que se ensalza el pasado de ultramar poniendo el acento en lo que el colono certificó como su mayor acto de generosidad hacia los indígenas: educación, acceso a los frutos tecnológicos de la modernidad, y bla bla bla. El colonialismo está orgulloso de sí mismo, de su pasado caritativo, de su presente colaborador, de su misión escatológica. ¿Cómo no estarlo con la importancia geoestratégica que "lo exterior" reviste para sus arcas?

He aquí la cuestión: la perspectiva económica es fundamental en estos asuntos por encima de cualquier otra consideración y, a lo largo de los ochos ensayos que articulan el libro, Depelchin recorre una genealogía de la dominación que tiene por origen la esclavitud (primera expresión del capitalismo), que sucesivamente adopta facciones variopintas, y que se manifiesta aquí y ahora mediante la esclavitud económica comandada por la deuda externa. La vigencia de esta genealogía es más pertinente que nunca, pues la esclavitud afectó a una parte concreta del mundo, mientras que la deuda ha traspasado todas las fronteras. Y lo grave no es la constatación de un crimen que no cesa, sino que, a diferencia de los árboles evolutivos, en lo tocante a la dominación, cada estadio (trata, colonialismo, neocolonialismo, globalización, etc.) no anula el anterior. Dejando de lado el notable bloque que componen las postcolonias, mientras unos estados como Grecia o Irlanda están asfixiados por los "ajustes estructurales", las economías de otros como España o Italia están en manos extranjeras (prestamistas instituidos) bajo el aura fantasmagórico del especulador financiero, y otros como Irak, Afganistán o Palestina padecen un colonialismo sensu stricto. De hecho, los israelíes que habitan los territorios ocupados responden, se diría que encantados, al nombre de colonos. Agrega Depelchin: "Las formas de esclavitud han cambiado, pero las relaciones de poder entre quienes controlan la riqueza y los pobres permanecen tan difíciles de subvertir como cuando los esclavos se enfrentaban a los negreros". En estos menesteres, África le saca una buena ventaja a Europa; quizás va siendo hora de aprovechar esta experiencia para hacer algo más que lamentarnos ante la pantalla del televisor. 

El intelectual y activista congoleño advierte que "Los ciudadanos del mundo quizás prestarían más atención a los crímenes actuales si pudieran ver el vínculo con aquellos crímenes del pasado que todavía permanecen sin reconocimiento". Despertar de este letargo es crucial porque "La mentalidad que ha pisoteado a la humanidad bajo distintos nombres no ha retrocedido; ha crecido como un cáncer, destruyendo los principios que hacen posible la vida". No en vano, el autor congoleño precisa que la esclavitud fue la semilla de este fenómeno que ha venido a llamarse globalización, como en otras palabras ha sostenido Samir Amin en diferentes trabajos (1), cuando interpreta el vigente orden mundial del capitalismo en clave imperialista, y confirma el celo de EE.UU., uno de sus estandartes, por conservar este orden y atacar, aunque sea preventivamente, a aquellos que insinúen un cambio de rumbo, o a veces ni eso. 

Inmaculado en su vitrina de cristal, el mapa resultante refleja que sólo unos pocos se enriquecen y el resto se empobrece, es decir, se repite a escala mundial lo que sucede a nivel estatal, un cociente tantas veces citado que ya tiene visos de lugar común: el 90% de la riqueza de un país está en manos de un 3 o un 5% de su población. Consecuencia de ello es que la mayoría de la humanidad vive en el umbral de la pobreza, luego Depelchin equipara pobreza y humanidad y los considera elementos intercambiables. A continuación, se pregunta, ¿por qué no reaccionamos? ¿a qué se debe semejante déficit de solidaridad? Y responde, a voz en grito, que debemos ser fieles a la humanidad y no a los capitostes (G-7-8-20, FMI, Banco Mundial, etc.) que la gobiernan, pues éstos seguirán en sus trece y difícilmente aportarán resoluciones, paquetes de medidas y toda esa palabrería tecnocrática de escasa o nula función práctica. De modo que sólo la humanidad desde su base podrá retar al gigante, si bien no será fácil derrocarlo, pues los tiempos que corren han vaciado de sentido términos como solidaridad, y han divulgado que la pobreza es inextinguible, una rémora con la que hay que contar como un fleco consustancial a la abundancia. Aun así, arenga Depelchin, la humanidad debe sublevarse ante su propia negación, pero no con armas, sino con todas sus formas no violentas de expresión que sean susceptibles de accionar los resortes adecuados: arte, poesía, ciencia. Pese al peaje, pese al olvido, pese al castigo, Depelchin porfía en que debemos ser fieles al espíritu de Haití 1804, hito y metáfora de la liberación, de la victoria de los oprimidos versus los opresores. 

Y tal fidelidad debe arrostrar tres obstáculos. En primer lugar, releer el pasado fatídico y poner los puntos sobre las íes, más allá de los textos históricos. "¿Por qué no vemos escuelas, institutos de investigación y hospitales, desde Mozambique hasta Ciudad del Cabo, que lleven estos nombres como una forma de restablecer su modo de pensar y luchar dentro de nuestra conciencia colectiva?, se pregunta el autor congoleño. Quien haya paseado por Windhoek (Namibia) y recorrido sus pulcras calles rotuladas con el lexema strasse, habrá pensado en algún momento que podría encontrarse en una modesta villa de Baviera. En idéntica sintonía con Depelchin, Achille Mbembe sugirió un destino sepulcral para esos vestigios en un elocuente artículo: "¿Qué hacer? Propongo que en cada país africano se proceda inmediatamente a una recolección tan minuciosa como posible de las estatuas y monumentos coloniales. Que se reúnan en un único parque, que servirá al mismo tiempo como museo para las generaciones futuras. Este parque museo-panafricano se usará como sepultura simbólica al colonialismo de este continente. Una vez realizado el entierro, que nunca más nos sea permitido utilizar la colonización como pretexto para justificar nuestras actuales desgracias..." (2)

En segundo lugar, urge que se proceda a la depuración de las responsabilidades penales a quienes corresponda, pues "las consecuencias de esta negación dan paso a intensificar otros crímenes contra la humanidad, del mismo modo que un ladrón impune estará tentado a cometer un golpe mayor en su siguiente robo". Volvamos a Haití. Quien piense que este país echó a andar como nación tras su puesta de largo con la catástrofe del terremoto acontecido en 2010, quizá se sorprenda al saber que poco antes "Las tropas de la ONU en Haití están llevando a cabo, de forma regular, asesinatos de bebés, mujeres y ancianos en Cité Soleil, uno de los barrios más miserables de Port-Au-Prince". Y, aun unos pocos años antes, el presidente electo Jean Bertrand Aristide, enfrentado a los poderes fácticos, tuvo que abandonar el país y acogerse al exilio que le ofreció Sudáfrica. En la poltrona vacante convenía sentar a algún títere más dócil y afín a las directrices de papá aunque se simulase un golpe de estado que confería un aire de espontaneidad. Luego, este país ha devenido un laboratorio de inquinas y vilezas, porque nunca ha habido una sola voz audible que las denuncie y condene. O lo que es lo mismo, las voces que se han desgañitado, han sido sofocadas por el altavoz imperial. En efecto, el ladrón, motivadísimo por el envite de barra libre, seguirá robando cada vez más. Remata Depelchin: "Las políticas emancipadoras deben ir de la mano de narrativas históricas emancipadoras". Sin embargo, como comenta Amín, las potencias se pasan por el forro el derecho internacional; no digamos ya las bobadas del estilo reconocimiento, perdón y dignidad.

En tercer lugar, "La solución a la actual crisis no vendrá del imaginario basado en las soluciones tecnológicas o económicas. Saldrá de una reordenación de las prioridades y de una transformación radical de la relación entre los seres humanos, de forma solidaria y no caritativa". Para Depelchin, en síntesis, la erradicación de la pobreza exige un cambio de actitud que consiste en ser fieles a la humanidad, pues no se puede confiar más que en personas como usted y como yo, y nunca esperar un giro copernicano de las corporaciones y los gobiernos. Decíamos arriba que África podría empezar a dar lecciones a algunos estados miembros de la Unión Europea sobre cómo ingeniárselas cuando las finanzas están bajo mínimos. Además, también podría enseñar otras cosas. Apuntaba Herbert Marcuse en "El hombre unidimensional" que el sujeto que vive bajo la tutela de sociedades industrialmente avanzadas pierde, por una mezcla de confort y satisfacción, su capacidad para rebelarse ante las injusticias. Las revueltas árabes del norte de África demuestran que los sistemas y los gobiernos se pueden tumbar dando un golpe encima de la mesa. Quizá sólo reste un punto de coordinación antes de la batalla, y un poco de garbo también. 

Sí, Depelchin aborda una batería de problemas complejos (crisis alimentaria, crisis ecológica) y explora senderos para sortearlos, pero la fuerza de su discurso estriba en la contundencia de las preguntas que formula: ¿Cuándo empezó a desaparecer la conciencia humana? ¿Dónde y cómo curarse de las heridas masivas individuales y colectivas que resuenan, siglos después, en el seno de los descendientes? ¿Cómo nos recuperaremos de este largo y tortuoso descenso hacia la firme autodestrucción de nosotros mismos, del principio de la vida? Preguntas que retumban como mazazos, como versos no tanto recitados como regurgitados desde una cueva insondable, desde un estómago bilioso. No es causal que "Por una recuperación de la historia africana" se abra y se cierre con dos poemas que nos retrotraen, sin ningún género de dudas, a la poética combativa de Aimé Césaire.

Asimismo, sobre este conjunto de ensayos coeditados por oozebap (en castellano) y Fahamu/Pambazuka News (en inglés), planea la sombra de Franz Fanon, del que Depelchin es un epígono natural. Sólo que si Fanon orientaba su discurso a los colonizados, Depelchin amplía el campo de visión hasta el mundo entero. Si Fanon vaticinaba que la violencia sería devuelta con creces con más violencia, Depelchin propugna un corte limpio que interrumpa la cadena del terror. Si Fanon emplazaba exclusivamente a los africanos, Depelchin precisa de la predisposición de los poderosos, reconociendo que ellos tienen la llave; una llave inútil mientras la sociedad no se aventure a profesar fidelidad a la humanidad. Por su ambición, en síntesis, de trascender los problemas de África hacia la totalidad de la Tierra, Depelchin se suma a esa saga de autores que, como Chomsky o Milton Santos, releen la historia, la recuperan y nos sitúan en el lugar adecuado para mirar al futuro con una óptica un tanto más justa. De los tres retos capitales, "Por una recuperación de la historia africana", supera el primero, pues reivindica una versión alternativa de la historia oficial; suspende el segundo, pues no está en su mano empuñar la varita mágica del Poder, y aprueba el tercero, pues exhorta al combate pacífico prodigando con el ejemplo. Por lo pronto, dos a uno, que no es poco.

Notas
1. Samir Amin, "Geopolítica del imperialismo contemporáneo". Epílogo al libro "Guerra global. Resistencia mundial y alternativas", de Wim Dierckxsens y Carlos Tablada. 
2. Achille Mbembe, "Por un entierro simbólico del colonialismo". http://www.oozebap.org/text/colonialismo_mbembe.htm . Publicado en Le Messager (Duala, Camerún). Traducción: oozebap.org
3. Franz Fanon, "Los condenados de la tierra". Fondo de Cultura Económica, 2007

*Artículo publicado en Guinguinbali, octubre 2011
http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=4&id=2283 

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  • Título: Por una recuperación de la historia africana
  • Subtítulo: De África a Haití a Gaza
  • Autor: Jacques Depelchin
  • Colección: Pescando husmeos nº 6. Coeditado con Fahamu (www.fahamubooks.org - www.pambazuka.org)
  • Nº de páginas: 130
  • ISBN: 978-84-614-3803-7
  • Formato: EPUB
  • Disponible en otros formatos: SÍ: Libro en papel. PVP: 10€